Carta a mi Padre

 



Querido Padre 

A los viejos también se nos caen los mocos, la partida de Patricio Manns me duele, pero también resulta doloroso recordar aquellos tiempos de ímpetu juvenil arriesgando todo por una causa que podía compararse a la épica entre David y Goliat, sin dimensionar las consecuencias que tuvo para nuestra familia.

Aquel 5 de septiembre de 1986, avanzamos por las calles de Lo Prado hacia un punto supuestamente compartimentado, era una tarde calurosa, cerca de las 17 horas, cuando al llegar al cruce de Antártica con Neptuno somos interceptados por vehículos y motoristas desde los cuales bajan civiles armados. 

 El suceso es muy rápido, somos conminados a lanzarnos al suelo, escucho disparos y gritos, sin diferenciar de donde provienen, siento en mi cabeza la presión de un tubo ( era un fusil), de reojo aún en el suelo veo a un amigo que llega al lugar y también es obligado a tirarse al suelo. Mientras se suceden los disparos, nos empujan a subirnos a un furgón blanco, pero sobre el piso del vehículo, nos trasladan al cuartel de Borgoño de la CNI, recinto donde durante 5 días padecimos la tortura, junto a interrogatorios sobre nuestra participación en acciones terroristas.

La cronología se sucede también con mucha rapidez, mientras me recluyen en Borgoño, nuestra casa familiar es allanada y desvalijada por agentes de la CNI, tú y mi madre logran dar con mi paradero después de largas gestiones, incluso puedes ingresar al recinto de la CNI y logramos abrazarnos por un minuto, momento muy intenso que me permite asumir cierta tranquilidad, al saber dónde estaba y el estado de mi familia. 

La última noche en las celdas de Borgoño sucede algo tenebroso, el 7 de septiembre se desencadena el atentado contra el tirano, esa noche nos desalojan de las celdas y somos alojados en el suelo, escuchamos repetidas veces los siguiente: cinco de ustedes van a morir, nosotros sin entender lo que ocurría y el motivo de tales amenazas. 

Esa noche fue terrorífica para ti junto a mi madre y hermana, la represión desatada en Santiago como consecuencia del fallido atentado, no permitía saber qué ocurriría conmigo en ese instante.

Al transcurrir las horas del día siguiente, en las dependencias de la ex penitenciaría, podemos al fin saber lo ocurrido, detalles del atentado y nuestra nueva reclusión. En este recinto, por fin podemos encontrarnos los días de visita y contarnos la situación familiar y la de amigos que abandonaron la capital.

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